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Cada primavera, el mar que baña las costas de las ISLAS FEROE se tiñe de sangre por un puro acto de salvajismo y crueldad al que muy pocos encuentran lógica o justificación en esta época ecológica que estamos viviendo... mucho más por el hecho de que los DELFINES CALDERONES se hallan en la lista de animales en peligro de extinción. Los habitantes de estas islas (que pertenecen al Reino de Dinamarca) son los encargados de dar muerte a miles de estos dóciles mamíferos que en esa época del año suelen aproximarse a las costas de la región sin saber el destino que les espera. Y esta matanza anual se debe a que la economía de estas islas, debido a su geografía, se basa en la exportación de la  carne de este cetáceo, la cual es altamente apreciada en países de Asia y Europa... además de que sirve de alimentación a los propios isleños. Es evidente que el mundo desconoce las proporciones de esta terrible matanza, la cual los habitantes de las islas justifican repitiendo que “es la tradición... es de lo que hemos vivido siempre“. Y, en efecto, la tradición data de más de 1,200 años, y por algún tiempo fue considerada como una ceremonia de iniciación para los adolescentes que llegan a la edad adulta. Hoy, se estima que (como promedio) cada año se matan de una forma cruel (como se puede apreciar en las fotografíás a la derecha) entre 1,500 y 3,000 delfines todos los años... un espectáculo sangriento al que nadie ha puesto freno hasta el presente.

Las Islas Feroe tienen, aproximadamente, unos 1,117 kilómetros de costa, y son una plataforma de dieciocho islas volcánicas, aisladas, en el Atlántico Norte entre Esocia e Islandia... precisamente en medio de la ruta migratoria de estos delfines calderones. Si bien las islas  pertenecen a Dinamarca, se trata de una región autónoma, tan apartada del continente que hasta la década de los años setenta ni siquiera llegaban a ella los aviones. ¿La población de las islas...? Unas 47,000 personas, de las cuales casi un tercio reside en la capital, Torshavn. Si bien la agricultura era una fuente de ingresos importantes para los feroenses, hoy sólo un 1% de la población desempeña labores agrícolas. La pesca, y la exportación de pescado han llegado a convertirse en las actividades comerciales de mayor importancia en la región, aunque la construcción de embarcaciones también ha logrado ser bastante importante, así como la cría de ovejas.

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El núcleo del grupo es la familia (de unos 15 ó 20 miembros), aunque en ocasiones se concentran hasta varios centenares, compuestas por hembras con su cría y, casi siempre, con un solo macho adulto. Se estima que hay un millón de delfines calderones en el Atlántico Norte. Viven mar adentro o cerca de la costa, casi siempre al borde de la plataforma continental, e incluso a veces entran en las rías en busca de alimento. Asimismo, es importante mencionar que existe una población antártica y otra ártica.

   Los machos pueden llegar a medir hasta siete metros y pesar unos 2,500 kilos; la hembra por lo general es más pequeña. Su característica principal es una cabeza con un melón exagerado, el cual se presenta más marcado en los machos. Su cuerpo es cilíndrico hasta la aleta dorsal, situada en la mitad anterior del cuerpo. Se mueven a una velocidad de aproximadamente seis kilómetros por hora, aunque pueden llegar a alcanzar hasta cuarenta y cinco kilómetros por hora en situaciones de peligro. Se sumergen hasta una profundiad de entre ochocientos y novecientos metros en busca de alimentos, y se alimentan básicamente de calamares, bacalao y otros peces. Es posible que sean polígamos, con una estructura social bastante marcada. Prefieren las aguas cálidas para la reproducción, y por lo general las hembras paren en aguas cálidas, casi siempre en el verano y el otoño.


   Los habitantes de las Islas Feroe han consumido la carne de los delfines calderones durante generaciones. Sin embargo, los estudios más recientes revelan que a causa de diversos procesos contaminantes, la carne de las ballenas piloto presenta un considerable contenido de mercurio que puede dañar seriamente el desarrollo neuronal de los niños que la consumen... Este factor, comprobado científicamente, no ha impedido que disminuya el consumo de la carne del delfín entre los feroenses.

   Consideremos que los cetáceos tienen una formidable capacidad de enriquecer las vidas de las personas con las que llegan a entrar en contacto. Son incomparables generadores de asombro y admiración. A pesar de su tamaño y fuerza amenazadores, y a pesar de siglos de haber sido víctimas de la depredación humana, las ballenas en su ambiente natural demuestran una y otra vez ser excepcionalmente tolerantes de la proximidad de los humanos, y no sólo toleran sino que además muchas veces inician deliberadamente interacciones positivas con las personas. El espacio vital de las ballenas, al contrario del de los animales terrestres, no está delineado por límites  nacionales claramente definidos. Sus territorios pertenecen en buena medida a la globalidad de las naciones: son los mares del mundo que no pertenecen a ninguna nación en particular, constituyendo un recurso especialmente global. Así, las ballenas se encuentran bajo el control internacional, y dado que legalmente no son un recurso de ningún país, ninguna nación puede reclamar el derecho moral de matarlas

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